De cero: la Atella primigenia. Si los antiguos resucitaran, huirían

Foto al interior de Museo cívico

AREA ATELLANA. Una tierra removida por el paso de distintas culturas. El origen de toda cultura son las primeras civilizaciones que habitaron esta tierra e impulsaron sus rasgos más influyentes. En esta ocasión vamos a hacer un viaje a antes del nacimiento de Cristo, para ver un poco de la historia atellana y de cómo se está llevando el mantenimiento de la historia en la actualidad.

En 1700 a.C. se produjo una erupción del Vesubio cubriendo parte de la llanura campana escondiendo dos barracas como testimonio más antiguo en la zona atellana. Unos dos cientos años después se produjo una llegada de población al territorio, de origen indoeuropeo con la lengua madre de las actuales e invadieron gracias a sus avances con el caballo y el hierro pudieron imponer sus costumbres y cultura, siendo reemplazados de manera parcial posteriormente. A partir de este momento, alrededor del 500 a.C. podemos delimitar dos periodos: los etruscos y los samnitas. La llegada de los etruscos a la Campania, y en consecuencia a Atella, se debió como parte de su expansión por la costa tirrena y gracias a tener una cultura más avanzada que los oscos se impusieron aunque no duró mucho tiempo debido a las presiones. Este momento bajo fue aprovechado por la cultura samnítica, que mantenía cierta afinidad con ellos. Debemos entender que, en este contexto, el mundo romano estaba dando ya grandes pasos hacia adelante en su progresión con alianzas con los pueblos de su alrededor; en este caso, al 354 a.C. los samnitas y los romanos firmaron un acuerdo de cooperación para la lucha en defensa de enemigos que provenían del norte de Europa. En ese momento, Capua lideraba una confederación de ciudades junto con un poblamiento cerca de la zona que ocuparia Atella, aliandose con Roma que le permitió ganar los tres conflictos que se sucedieron contra los samnitas. Como recompensa a su apoyo, a Atella se le dotó la categoría de civitas y privilegios como hacer moneda propia; es en este momento cuando podemos decir que es la fundacion de Atella. Pero esa buena tendencia terminó con la llegada de Aníbal que derrotó a Roma en la Batalla de Cannas (216 a.C.) lo que cambió las alianzas. La fidelidad se pasó a sus rivales, lo cual provocó que en 211 a.C. la población fuera reprimida y destruida de varias formas: algunos tuvieron suerte y se unieron a Aníbal, otros fueron destinados a Calatia (actualmente Maddaloni), una población ya reprimida o sufrieron asesinatos o esclavización, para reconstruirla con los supervivientes de los sucesos producidos en Nocera y se cree que lo único que se mantuvo en pie fue el Castellone. Debemos recordar que Virgilio se paseaba por la zona atellana y, debido a su fama, Augusto le pidió algunos de sus extractos.

Restos de la antigua Atella custodiados en el Museo Cívico

En la actualidad, haciendo una reflexión el estado de los restos, por lo que he podido ver la situación no está siendo la adecuada por cualquier usuario interesado en aprender más de ello porque si vamos al Museo Arqueológico en la población de Succivo lo encontramos cerrado y  creyendo que va para largo debido a unas obras que se están haciendo en las instalaciones. Además, si alguien está interesado en visitar el símbolo de Sant’Arpino, la Esfinge Alada tiene que acceder subiendo unos pisos y vemos que protagoniza el pasadizo, a buen recaudo, pero no está en el lugar que debería estar, del mismo modo que muchas otras obras que tiene este espacio, donde podemos encontrar varios restos  que requieren de un recinto propioque permita hacer resplandecer su luz pero la falta de inversión o la mala distribución de ello lo han oscurecido. Hay muchos ejemplos de ello como el Castellone, el cual está en manos privadas y no presenta ningún tipo de mantenimiento; y el caso más flagrante es el caso del Parque Arqueológico de la antigua Atella, donde el gobierno de la Campania destinó dinero a ello y sin ver ningún cambio. Si las gentes que vivieron en estas tierras levantaran la cabeza y vieran como han dejado sus testimonios que debían aguantar siempre, cogerían lo que queda y huirían.

Ian Cabús Reyes

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